Nacho Carretero Pou. Editorial Libros del KO. 2018.

Acabo de terminar de leer, Fariña. Ya hay serie y novela gráfica, pero un libro siempre tiene más matices que una película o serie.

Escrito por un periodista gallego, Nacho Carretero Pou, no es una novela sino una colección de artículos o relatos de como sucedieron las cosas. Es la historia de cómo se pasó del trapicheo de supervivencia en la posguerra al contrabando de tabaco y después al tráfico de droga.

Se basa en lo que le cuentan los vecinos de la zona, los guardias civiles que actuaron allí, los jueces, los sumarios, los artículos de periódicos, su propia experiencia y la de conocidos.

Para mi es un relato muy cierto y objetivo, no creo que esté escrito con la intención de dañar la reputación de nadie, pese a lo que digan muchos. Lamentablemente debía ser la realidad. Recuerdo un invierno que pasé en Villagarcía, hacia el año 90, en el que el tema candente eran las “planeadoras” que había en el puerto. Imposible que la guardia civil las pudiera perseguir con sus embarcaciones. Los contrabandistas eran grandes pilotos, impresiona pensar que algunas recogidas las hacían yendo en 24 horas sin parar de Villagarcía a Canarias a bordo de estas planeadoras. Algunas alcanzaban los 100 km/hora.

El libro estuvo secuestrado por orden judicial para que no se distribuyera, ya que mencionaba a un montón de políticos de todos los partidos, empezando por Fraga. Y eso duele. Además, hace poco salieron unas fotos de Feijoo con un famoso contrabandista llamado Marcial Dorado, lo cual ha convertido el libro e una publicación muy polémica. Aunque quién puso la denuncia por calumnias fue el ex alcalde de O Grove, José Alfredo Bea Gondar. Dándole así una publicidad espectacular. Prácticamente dice que todos los políticos estaban implicados por acción o por omisión. Sin embargo rompe una lanza a favor de Rajoy, el cual dice que nunca estuvo a favor de este tema, se significó de forma clara a favor de luchar contra los clanes y el narcotráfico. Para los escépticos y conspiranoicos puede ser un dato a tener en cuenta en cuanto a veracidad informativa.

Lo que se narra el libro es hasta qué punto estaba metido en la sangre de Galicia el tema del contrabando, era tan habitual que cualquiera lo hiciera o tuviera algo de relación que incluso para los políticos y autoridades era normal. Casi, casi, no se veía mal, era como un sobresueldo para una región pobre. El contrabando de tabaco creaba riqueza, y se toleraba. A los contrabandistas se les admiraba, e incluso se les votaba.

Y respecto a crear riqueza, no les faltaba razón a los gallegos, los narcos daban trabajo directamente a bastante gente y además tenían que crear empresas tapadera y al final metían mucho dinero en esas empresas. Un 80% de los negocios relativos al turismo y hostelería fueron montados por los narcos, también conserveras y otras tantas ocupaciones. Así que realmente sí fue una inyección de dinero. Una pena que el contrabando y el narcotráfico no sean profesiones legales ni saludables. Dan dinero a unas personas y corrompen toda la sociedad, además de dejar un reguero de jóvenes medio muertos.

Cuando empezaron a caer los jóvenes en la droga, cambió un poco la mentalidad, y comenzó una tímida lucha por parte de las madres de los drogadictos. Que hay que estar muy desesperada y ser muy valiente, para ponerte enfrente de la casa de un narco, al que todo el pueblo ayuda, y exigir que se termine con ese “negocio”. Y consiguieron cambiar la idea que se tenía de los narcos. Unas mujeres admirables. Al inicio de los ochenta, esas madres, no tenían ni idea de lo que era la droga, veían a sus hijos enfermos y con “mono” y no sabían lo que era, sabían lo que era un alcohólico, pero de la droga no tenían noticia. Por otro lado, los propios narcotraficantes eran sus vecinos, o los propietarios de los negocios donde compraban habitualmente.

Sorprende el aprecio de los colombianos por los gallegos, pudiendo “trabajar” con todas las nacionalidades, prefieren con los gallegos por su fiabilidad y eficacia. Cuenta en un capítulo que en un momento que se pusieron las cosas difíciles para los narcos en Galicia, intentaron hacer negocio con países africanos, como Togo y otros, pero que era un desastre, desaparecía la carga, se llevaban las lanchas o las desmontaban para vender etc. Y vuelta a Galicia.

También una parte de los contrabandistas trataron de desviar el negocio hacia Asturias, ya que en los noventa les estaban dando bastante caña, pero en Asturias los vecinos no les apoyaban como en Galicia y la cosa no prosperó. Yo misma en Asturias fui testigo de unas maniobras de lo más raras, que no tengo ni idea de qué serían. A finales de los ochenta o ya noventa, no me acuerdo, estaba en diciembre en una casa que tenía mi hermana en una pequeña aldea de la costa asturiana. Andaba trepando por las peñas de la playa para pasar de una playa a otra sin mojarme, cuando vi que se acercaba un helicóptero a toda velocidad hacia donde yo estaba. De color gris oscuro, no llevaba ninguna identificación de nada, ni policía, ni guardia civil ni nada, bajó hasta casi posarse en la playita a la que yo quería llegar, abrieron la puerta y empezaron a tirar fardos a la arena. De no sé dónde, llegó a la orilla un land rover, que recogió todos los fardos y salió pitando. Nunca supe que fue aquello. Quizá un alijo, pequeño, ya que eran pocos fardos, o quizá otra cosa, pero lo que estoy segura es de que no era la compra a domicilio del supermercado.

Es un libro, que merece la pena leer si quieres tener una visión clara de lo que fue el contrabando en Galicia, y lo que seguirá siendo, ya que esa lucha aún no ha acabado. Podría compararse con el libro de Patria de Fernando Aramburu en cuanto a certera descripción de una situación trágica enraizada en pueblos pequeños.

Tengo la sensación, después de leer este libro y el de Patria, de que los españoles llevamos mucho tiempo haciendo examen de conciencia. Se dice de nosotros que no necesitamos enemigos, ya que nos autodestrozamos sin piedad. Y tienen razón en parte. Hemos sido muy acomplejados respecto a Europa y nos hemos echado mucha porquería encima. Pero me parece que ahora estamos empezando a hacer una reflexión sobre cómo somos y qué hemos hecho realmente, quizá tras estas reflexiónes la sociedad española madure y avance hacia una forma más positiva, solidaria y fructífera.

Se ha empezado hablando del terrorismo, luego del narcotráfico, falta un buen relato de la corrupción política. La esperanza es lo último que se pierde.

Se basa en lo que le cuentan los vecinos de la zona, los guardias civiles que actuaron allí, los jueces, los sumarios, los artículos de periódicos, su propia experiencia y la de conocidos.

Para mi es un relato muy cierto y objetivo, no creo que esté escrito con la intención de dañar la reputación de nadie, pese a lo que digan muchos. Lamentablemente debía ser la realidad. Recuerdo un invierno que pasé en Villagarcía, hacia el año 90, en el que los amigos nos comentaban la barbaridad de embarcaciones “planeadoras” que había en el puerto. Era imposible que la guardia civil las pudiera perseguir. Los contrabandistas eran grandes pilotos, impresiona pensar que algunas recogidas las hacían yendo en 24 horas sin parar de Villagarcía a Canarias a bordo de estas planeadoras. Algunas alcanzaban los 100 km/hora.

El libro llegó a estar secuestrado una vez impreso para que no se distribuyera, ya que mencionaba a un montón de políticos de todos los partidos, empezando por Fraga. Y eso duele. Además, como hace poco salieron unas fotos de Feijoo con un famoso contrabandista llamado Marcial Dorado, pues todo ha sido muy polémico. Aunque quién puso la denuncia por calumnias fue el ex alcalde de O Grove, José Alfredo Bea Gondar. Dándole así una publicidad espectacular. Por otro lado, comenta que, sin embargo, Rajoy no estuvo nunca mirando para otro lado, y estuvo de forma clara a favor de luchar contra los clanes y el narcotráfico. Así que parece que trata el tema con bastante objetividad.

Lo que se ve en el libro es hasta qué punto estaba metido en la sangre de Galicia el tema del contrabando, era tan habitual, que cualquiera lo hiciera o tuviera algo de relación que incluso para los políticos y autoridades era normal. Casi, casi, no se veía mal, era como un sobresueldo para una región pobre. El contrabando de tabaco creaba riqueza, y se toleraba. A los contrabandistas se les admiraba, e incluso se les votaba.

Y respecto a crear riqueza, no les faltaba razón a los gallegos, los narcos daban trabajo directamente a bastante gente y además tenían que crear empresas tapadera y al final metían mucho dinero en esas empresas. Un 80% de los negocios relativos al turismo y hostelería fueron montados por los narcos, también conserveras y otras tantas ocupaciones. Así que realmente sí fue una inyección de dinero. Una pena que el contrabando y el narcotráfico no sean profesiones legales ni saludables. Dan dinero a unas personas y corrompen toda la sociedad, además de dejar un reguero de jóvenes medio muertos.

Cuando empezaron a caer los jóvenes en la droga, cambió un poco la mentalidad, y comenzó una tímida lucha por parte de las madres de los drogadictos. Que hay que estar muy desesperada y ser muy valiente, para ponerte enfrente de la casa de un narco, al que todo el pueblo ayuda, y exigir que se termine con ese “negocio”. Y consiguieron cambiar la idea que se tenía de los narcos. Unas mujeres admirables. Al inicio de los ochenta, esas madres, no tenían ni idea de lo que era la droga, veían a sus hijos enfermos y con “mono” y no sabían lo que era. Por otro lado, los propios narcotraficantes eran sus vecinos, o los propietarios de los negocios donde compraban habitualmente.

Sorprende el aprecio de los colombianos por los gallegos, pudiendo “trabajar” con todas las nacionalidades, prefieren con los gallegos por su fiabilidad y eficacia. Cuenta en un capítulo que en un momento que se pusieron las cosas difíciles para los narcos en Galicia, intentaron hacer negocio con países africanos, como Togo y otros, pero que era un desastre, desaparecía la carga, se llevaban las lanchas o las desmontaban para vender etc. Y vuelta a Galicia.

También una parte de los contrabandistas trataron de desviar el negocio hacia Asturias, ya que en los noventa les estaban dando bastante caña, pero en Asturias los vecinos no les apoyaban como en Galicia y la cosa no prosperó. Yo misma en Asturias fui testigo de unas maniobras de lo más raras, que no tengo ni idea de qué serían. A finales de los ochenta o ya noventa, no me acuerdo, estaba en diciembre en una casa que tenía mi hermana en una pequeña aldea de la costa asturiana. Andaba trepando por las peñas de la playa para pasar de una playa a otra sin mojarme, cuando vi que se acercaba un helicóptero a toda velocidad hacia donde yo estaba. De color gris oscuro, no llevaba ninguna identificación de nada, ni policía, ni guardia civil ni nada, bajó hasta casi posarse en la playita a la que yo quería llegar, abrieron la puerta y empezaron a tirar fardos a la arena. De no sé dónde, llegó a la orilla un land rover, que recogió todos los fardos y salió pitando. Nunca supe que fue aquello. Quizá un alijo, pequeño, ya que eran pocos fardos, o quizá otra cosa, pero lo que estoy segura es de que no era la compra a domicilio del supermercado.

Es un libro, que merece la pena leer si quieres tener una visión clara de lo que fue el contrabando en Galicia, y lo que seguirá siendo, ya que esa lucha aún no ha acabado. Podría compararse con el libro de Patria de Fernando Aramburu en cuanto a certera descripción de una situación trágica enraizada en pueblos pequeños.

Tengo la sensación de que los españoles llevamos mucho tiempo haciendo examen de conciencia. Se dice de nosotros que no necesitamos enemigos, ya que nos autodestrozamos sin piedad. Y tienen razón en parte. Hemos sido muy acomplejados respecto a Europa y nos hemos echado mucha porquería encima. Pero me parece que ahora estamos empezando a hacer una reflexión sobre cómo somos y qué hemos hecho realmente, quizá tras esta reflexión la sociedad española madure y avance hacia una forma más positiva, solidaria y fructífera.

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