Richard Ford. Edición Kindle Bloomsbury. Canada 2013. Wild Life 1990.

Richard Ford nos relata de forma inquietante y minuciosa, lo frágiles que somos y lo imprevisible de nuestras decisiones. Pese a tener miles de señales a la vista de que algo va a pasar, nos quedamos a la espera. A veces solo vemos la punta del iceberg de un deseo insatisfecho. Otras, nos encontramos de golpe en una abrúpta salida de un camino que se nos está haciendo infinito.

He descubierto recientemente a este autor, y como suelo hacer cuando un autor me gusta, en cuanto termino un libro, empiezo otro. Hubiera seguido leyendo toda su obra, si no fuera porque me produce una enorme inquietud, y ahora, en pleno confinamiento del Covid, no me siento con fuerzas para aumentar mi desasosiego.

Empiezo a entender, porqué los felices 20 del siglo 20 fueron así, pura evasión. No es la solución más inteligente, pero es necesario a ratos. Luego, en otros momentos me sumo en profundas reflexiones sobre cómo debería cambiar el mundo para que esto no volviera a pasar o trato de encontrar alguna forma de ayudar. Con esta desazón en mente he leído las dos novelas de Ford. Desazón incrementada por y la urgencia en encontrar soluciones o mejorar el estado de las cosas, que he añadido a la inquietud que transmite el libro. Además el instinto materno, me hahecho pasar dos semanas creando planes mentales sobre qué hubiera hecho o qué no en estos casos. Creo que acabaré enviándole una versión alternativa de los hechos al propio Ford.

Es, como digo, un relato psicológico minucioso que te sumerge totalmente en la vida de un niño de 16 años que vive en Montana aislado en un gran distanciamiento social, que he leído como si se tratara de un caso cercano. Un distanciamiento que parece a ratos autoimpuesto y otras parece una incapacidad familiar.

Los libros de Ford, tienen mucho de autobiografía, conoce el territorio del que habla y las situaciones. En el caso de estos dos, el protagonista es un adolescente inseguro, aislado, tanto de sus padres como del entorno. Ve cómo unos hechos terribles se desarrollan sin que él se sienta capaz de hacer nada, sin saber si debe hacer algo y además sintiéndose un poco culpable por no haber actuado. Contempla cómo su vida es puesta del revés y a pesar de todas las señales de aviso que percibe, no es capaz de hacer nada con ellas. Es un niño al que se le piden reacciones de adulto. Es un adolescente. La adolescencia, esa etapa en la ves la vida como si fuera la de otro, como una película. Es una etapa en la que te sientes bastante solo, poco comprendido y además no entiendes nada. Ya no eres un niño y la gente espera de ti que empieces a actuar como un adulto, pero no tienes recursos. Todavía no entiendes los códigos sociales, ni siquiera muchas veces los de la familia. No has salido al mundo, no tienes experiencia y piensas que todas las familias serán iguales. Por eso, aunque algunos comportamientos te parezcan raros, los asumes. O, aunque intuyes los problemas, sabes leer los gestos y las miradas, crees lo que te dicen, aunque contradiga lo que ves, ya que aún no tienes la confianza en ti mismo necesaria para desafiar lo establecido.

Estos libros hablan de los secretos familiares, de esas cosas que todo el mundo sabe, pero nadie comenta, se hace como si no existieran, pero son cosas que están ocurriendo delante nuestro. Como el amor o la falta de amor, los deseos y las ambiciones o los errores cometidos.

Cuenta cómo los adultos se quedan presos de sus vidas. Tomaron una decisión que parecía buena y ya no les sirve. Incapaces de avanzar hacia el futuro que desean, saltan por los aires de cualquier forma, como una olla a presión. No hace falta que sean grandes problemas solo hace falta que duren mucho tiempo. Y en medio, el adolescente tratando de encajar una vez más esas conductas en la normalidad.

¿Cómo llegan unos padres a ser ladrones de banco? Unos padres normales ¿pueden convertirse en criminales? Seguro que nosotros mismos hemos tenido a veces deseos o pensamientos poco honestos ¿qué o quién o cómo hace que algunas personas los ejecuten y otras los dejen al margen? El deseo insatisfecho, las palabras que no se dicen, y las que se formulan pero que nadie contesta, nos van encajando en un corredor del que no sabemos cómo salir.

Y los hijos, a pesar de todo esto, seguimos queriendo a los padres, aunque sean imperfectos y seguimos haciéndoles caso, aunque no tomen las decisiones correctas. Incluso pensamos que debemos seguir su mismo camino, porque no tenemos un ejemplo más cercano. Por eso es inquietante Richard Ford, porque relata lo frágil del ser humano, lo difícil qué es ser padre, y lo imprevisibles que pueden ser las decisiones vitales. Nos recuerda lo imperfectos que somos. Humanos, así son los libros de Ford, un retrato humano fantástico. Muy recomendables.

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