Mark Oliver Everett – Eels. Ediciones Blackie

Hace ya al menos un par de años que leí este fascinante relato vital. Bien escrito, y traducido (si sabes inglés, mejor en versión original), tiene toda la fuerza que aportan los hechos reales. Es la autobiografía del cantante Mark Everett, de nombre artístico Eels. Cuenta sus dificil infancia, como llegó a ser músico, sus motivaciones, sus problemas con unos padres fuera de lo común. El drama de su hermana, su azarosa vida amorosa y por supuesto su lucha por la música.

Me he acordado de este libro, porque ayer, en una cena, estuve con el padre de un joven músico y comentamos, después de escuchar a un magnífico trío de flauta, voz y guitarra acústica, lo dificil que es vivir del arte, de la música, de la pintura, la literatura o la fotografía. Precísamente de aquello que te da la vida. Nosotros escuchábamos, pero la mayoría de la gente, hablaba sin parar, como si no hubiera nadie en el escenario. La música se ha convertido en ruido de fondo (esto lo dijo alguien que no recuerdo, cuando se inventó la radio, y el tiempo le ha dado la razón) Estamos tan acostumbrados a escuchar música enlatada, que no somos capaces de apreciar lo que significa tener a 3 personasa delante, realizando un esfuerzo y un trabajo fantástico.

Y es que, no hay, al menos en España, mucho respeto por la música, ni una idea clara de lo que aporta el arte. Los artistas son los catalizadores de los sentimientos propios y ajenos. En sus obras nos vemos reflejados, y comprendidos, muchas veces expresan con su arte, cosas que ní sabíamos que sentíamos. Nos hacen crecer como personas, nos liberan, a veces de malos sentimientos, o nos cambian el humor y convierten momentos anodidos en situaciones memorables. Bailar, por ejemlo, es el mejor antidepresivo.

Y, sin embargo, los artistas viven al margen, salvo algunas notorias excepciones, la mayoría de artistas viven de milagro. Si preguntas a cualquiera, cuando ha sido la última vez que ha comprado un cuadro, posíblemente te diga que nunca. Los discos se escuchan en spotify, dando muy poco a los músicos, cuya única salida es la vida ambulante de la actuación en festivales. Y eso en el mejor de los casos, ya que lo más habitual es piratear los libros y los discos, bajo la excusa de «tengo derecho a la cultura» o «se lo quito a una multinacional que les sobra pasta», por poner dos ejemplos de contestaciones que he recibido cuando protesto por la piratería.

Estamos, de alguna manera, igual que en la Edad Media. Cuando aquellos monjes retirados en sus monasterios, conservaban con un enorme esfuerzo, pero seguro también, con enorme placer, la cultura del momento. Hoy los artistas viven en ese margen, que desafortunadamente no es un bonito monasterio, si no, habitualmente los barrios más baratos de cada ciudad. Disfrutando eso, sí, del placer y el tormento que da la creatividad. Se dedican a producir sus obras, unos mejores, otros peores, pero creando un estilo y una época, enmarcando las situaciones y los sentimientos del hombre contemporáneo, sin una idea clara de dónde quedará todo eso.

El artista contemporáneo, que muchas veces trabaja sin encargo, se enfrenta, además, cada día a la terrible pregunta existencial de: ¿para qué? y a la más práctica de ¿cómo vivir de lo que yo se hacer sin convertirlo en un engrendo comercial apto para consumo masivo? Muchas veces me dicen, que eso pasa en todas las profesiones. Y es posible, pero en la creación artística no hay un camino marcado, puedes tener mucho «oficio», pero poca inspiración, hay momentos de vacío, y mientras, tienes que comer. Sí como los autónomos, pero además vapuleado por los sentimientos de un lado a otro, tratando de distinguir entre lo que tiene calidad y lo que no, siendo tu más feroz crítico. Y además, trabajando sin conocer realmente tu «target», sin saber si hay alguien ahí fuera escuchando. Quizá sea un problema de todas las profesiones, desde que llegó la crisis, no hay nada seguro, y hay mucho empleo precario. Quizá sea mejor machacarse sacando adelante tu propio sueño. Nunca se sabe… Para pasar hambre, mejor hacerlo con algo que te guste.

Otra pesadilla del mundo actual: el marketing, ha llegado también a la vida del artista. Si grabas un disco, y gusta, tienes que grabar inmediatamente otro, para saciar al monstruo consumista. No se entiende que el arte es la expresión de unos pensamientos y sentimientos, y que a veces, es necesario parar para saber qué sentimos, qué pensamos y qué queremos decir. Puedes darte un tiempo y pasar del mercado, pero entonces te consideran muerto, la vuelta, a no ser que seas los Rolling Stones, es volver a empezar.

Eels además, se tiene que enfrentar a su no-estilo. No tiene un modelo de música, no compone sus canciones como churros. Es un artista que busca cosas distintas en cada composición y utiliza los instrumentos que encajen mejor con eso. Muchas veces, los que tiene a mano. Dando como resultado unas melodías muy eclécticas e impactantes.

En este relato, nos explica lo importante que es perseverar, la lucha por conseguir hacer lo que uno quiere. Lo que significa «casarse con la música», como decía el padre de este joven músico con el que cené anoche, o casarse con tu sueño vital. La lucha por la vida. ¡Que lo disfrutéis!

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