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Lecturas

Para todo aquel al que le gusta leer, acabar un libro, con el que ha disfrutado, es una pequeña tragedia.

Un disgusto comparable a despedir a un amigo o dejar a un novio, por eso, a veces necesito dejar un par de días de luto, antes de empezar ningún otro y espero con ansiedad la recomendación de algún amigo afín a mis gustos.

También, si puedo, le rindo un pequeño homenaje a modo de consuelo, junto a algún otro fan, recordando algunos pasajes o detalles, tratando de fijarlos en mi memoria para siempre.

¿De donde viene la afición por la lectura?

Es un misterio. Dicen que se crea en la infancia. Aunque ¿qué no se crea en la infancia? Es cierto, que en casa de mis padres había muchísimos libros, y era un regalo obligado en navidades. Todos recibíamos un libro de regalo, junto con otras cosas. Por eso había libros por todas partes, en estanterías, en los cajones, en baúles. Libros viejos a los que les faltaban páginas, y cuyo final te contaba un hermano mayor o tenías que imaginarte con desconsuelo. Cuentos pintados y repintados y llenos de pensamientos de otros lectores.

La intimidad con 9 hermanos no existía. Solo en el baño. Quizá, por eso, siempre hubo libros en los baños de mi casa (hasta la llegada del móvil, por desgracia). Para poder recogerte un rato a lo tuyo. Gracias a esta falta de intimidad, algunos de nosotros desarrollamos una capacidad espectacular para meternos en la lectura y no oír nada mas. Sumergidos en Zane Grey, se podía caer el mundo alrededor nuestro que nosotros, no nos dábamos cuenta, estábamos en Río Perdido. ¡Qué momentázos he pasado en mi adolescencia con Zane Grey!

El gusto por la lectura va casi siempre unido al gusto por escribir.

Yo escribo, en el ordenador, o en el móvil, a veces en servilletas, o en las fotocopias de no se qué, que tengo a mano. Y en cualquier sitio. A veces voy a andando por la calle, y tengo que parar para escribir un pensamiento en el móvil antes de que se large como ha venido.

Escribir en el ordenador tiene su historia. Por un lado, resulta mucho más fácil. No tienes que hacer recortes y pegados o escribir en los márgenes los cambios de lo que has tachado. Pero, por otro lado, como dice mi amigo Pablo, el ordenador acabó con la escritura; resulta tan fácil cambiar los textos que no consigues terminarlos. Afortunadamente, siempre hay alguien que te pone una fecha de entrega. Excepto en un blog, así que no os sorprendáis si mis comentarios cambian de contenido de un día para otro.

El ordenador también ha cambiado nuestra relación con la escritura. Me he dado cuenta que hago más faltas de ortografía desde que escribo en teclado, por eso trato de escribir a mano los primeros borradores. También, por el placer de pasar el lápiz por el papel, y valorar las diferentes variedades de tés o dés que soy capaz de hacer. ¿Como es posible que mis gés parezcan pes? Escribir es todo un gesto. Me gusta la escritura por sí misma, el trazo.

Escribir es muy parecido a dibujar. Cuando dibujas aprendes la realidad, es decir, la haces tuya. Cuando escribes a mano también aprendes las letras y la escritura, las haces tuyas.

El primer lenguaje, la primera escritura del ser humano es el dibujo, (Altamira, los egipcios, los chinos…) así que, para mí, están muy unidos. Quizá, por eso, enlazo muchos de mis textos con imágenes ya sean fotos o ilustraciones.

Ahora, además, ocurre una cosa curiosa, y es que se lee tan poco y se escribe tanto, que la propia escritura, como trazo, se está convirtiendo en imagen. A veces los textos se miran, más que leerlos. Se diseñan preciosos carteles llenos de letras con mensajes a veces ilegibles, o portadas súper sugerentes. O se incluyen en los cuadros como parte púramente gráfica.

Y la imagen es, en ocasiones, la que me lleva a un libro, me guío por la portada, parece de idiotas, pero no puedo evitarlo. Aunque la prueba definitiva para elegir un libro es, desde luego, la lectura de la primera página. Si no te engancha desde la primera página, es dificil que te acabe gustando. Pero ¡qué importante es una buena edición, y que dificil conseguirla!

Aquí os voy a ir comentando los libros que voy leyendo pero sobre todo, los libros que me han impresionado por algún motivo. No hay nada más entretenido que poder comentar un libro y descubrir que, en realidad, ninguno leemos el mismo.

Algunas lecturas, me han impactado casi tanto como la realidad. Marcando en ocasiones, un cambio de rumbo vital.

Todavía recuerdo la impresión que tuve al leer por primera vez a García Márquez. Mi primer pensamiento fue: «¡ pero cómo he podido pasar toda mi vida sin leer a este autor!» El amor en los tiempos del cólera, fue como una primera cita. Todo un descubrimiento. Luego leí Cien años de soledad, pero ya no fue lo mismo. Y detrás he leído otros muchos suyos, ya que soy un poco obsesiva, cuando me gusta un autor, leo todo lo que encuentro suyo. Podría decirse que lo devoro literalmente. Acabas sintiendo que lo conoces de toda la vida.

Es un cliché decir que un libro es un amigo, pero es que es cierto. Es un amigo que te hace vivir cosas muy lejanas a tu vida, o te abre los ojos sobre tu propia realidad. También te transmite emociones para las que tú no encuentras palabras. Otras veces, maneja tu propio lenguaje, como si te leyera el pensamiento. Y te hace viajar. Incluso puede hacerte llevar una vida paralela.

Pasas una semana o dos, directamente en otro mundo, deseando llegar a casa para seguir con el relato, o llevando el libro todo el día bajo el brazo, para leer un ratito en el autobús, en una sala de espera, donde sea.

Exactamente igual que ocurre cuando te enganchas a una serie. Y es que aunque mucha gente no lo sepa, los libros son el origen de las series.

Una amiga mía, dejó de leer durante una época, porque decía que le impedía vivir con intensidad su propia vida. Lo cual parece un poco exagerado, pero es también una costumbre de muchos escritores, mientras trabajan en un libro, no pueden leer otros.

Quizá todos los lectores somos un poco Quijotes, nos sumergimos en otra realidad. E igual que Don Quijote necesitamos compartir nuestras experiencias. Compartir un libro, leerlo a la vez o comentarlo en grupo, incrementa mucho el disfrute.

Los libros, son también, como los antiguos amantes. Se idealizan. Por eso, igual que no suele ser buena idea retomar una relación pasada, de la que hemos olvidado lo malo, y aumentado lo bueno, tampoco es buena idea releer, puedes llevarte muchos disgustos. Ya que lo mismo que no puedes volver a vivir determinados momentos del pasado, nadie puede leer dos veces el mismo libro.

Todo lo que vives, te cambia de alguna manera, y ya no eres el mismo cuando pasan los años, eres la suma de tus circunstancias, tu vida, tus experiencias y tus lecturas, que muchas veces guían tus pasos. Tu mirada cambia con el tiempo. Unas veces mejora el libro y otras lo machaca. Para mi, mejor dejar el libro en el mundo de las ideas, en el recuerdo, en la sensación que te dejó.

Como lectores, por otro lado, nadie lee el mismo relato. Todos añadimos algo nuestro. Imaginamos un escenario exclusivo nuestro con nuestras referencias. Esto me resulta muy interesante y sorprendente, y es uno de los motivos por los que he iniciado este blog, para conocer esos otros puntos de vista sobre mis lecturas.

Otro motivo para no releer sería que algunos libros, dejando aparte nuestros propios cambios, envejecen mal porque no tienen un relato universal. Están demasiado anclados en el presente con demasiados localismos que se pierden y vuelven incomprensibles con el tiempo. Sería como volver a saltar a la comba.

Sin embargo en ocasiones, es cierto que, algunas lecturas que no entendí, las capto ahora en todo su significado.

En fin, leer es todo un mundo. Aquí podéis ir viendo todos mis comentarios a mis lecturas en los post que voy publicando


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